El final de Oak Street sorprende con una paradoja temporal que redefine su historia
David Robert Mitchell y J.J. Abrams convierten dinosaurios en fábula familiar con paradojas; la madre salva a su marido y provoca un desenlace inquietante.
'El final de Oak Street' se ha convertido en uno de los blockbusters de ciencia ficción más comentados del año, pero su escena final no es el simple final feliz que aparenta. La película dirigida por David Robert Mitchell y producida por J.J. Abrams recupera el espíritu de las aventuras familiares de los ochenta para luego subvertirlo con una capa de paradojas temporales que dejan un regusto agridulce en el espectador.
La historia sigue a una familia dividida por un divorcio inminente. La madre, interpretada por Anne Hathaway, vuelca su deseo de escapar en una novela amateur, mientras que el padre, encarnado por Ewan McGregor, lidia con el alcoholismo y espera recuperar el pasado. La llegada de los dinosaurios a su vecindario los obliga a dejar de lado sus conflictos para proteger a sus hijos y los enfrenta a un peligro que ningún hogar estadounidense promedio está preparado para afrontar.
El momento más trágico ocurre cuando el patriarca es devorado por un dinosaurio frente a su familia. Pese al trauma, la madre y los niños logran regresar a su época a través de unas esferas de aspecto líquido y luminoso que funcionan como portales espacio-temporales.
El giro final
El regreso no ocurre en el momento exacto del viaje original, sino unos minutos antes. Ese pequeño margen le permite al personaje de Hathaway salvar a su esposo y a varios vecinos con simples llamadas telefónicas que los alertan sobre el extraño fenómeno que puede acabar con sus vidas.
La coda muestra el éxito del plan: la familia reunida en una luminosa comida de domingo en el jardín, junto a la niña que viajó con ellos y otra versión de ella misma. La estampa idílica es real, pero convive con contradicciones imposibles de ignorar.
Paradojas que rompen la armonía
Al intentar forzar una imagen de familia nuclear perfecta, la protagonista abre un escenario lleno de cabos sueltos. Siente afecto por una versión de su marido que no es exactamente la que rescató, y la niña debe convivir con una versión previa de su propia familia. Esa ambivalencia le permite al director escapar de la mera imitación del cine de Spielberg y mantener su sello autoral, con un tono de sueño hecho realidad que no oculta sus grietas.
El director utiliza a los dinosaurios como un posible reflejo de un planeta amenazado por crisis climáticas, guerras y extremismos, aunque sin sacrificar el carácter de espectáculo familiar que busca conquistar al público masivo.
El final de la calle OAK, Cinemark